A las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York.
En ese momento, Estados Unidos todavía no sabía que aquel impacto era el comienzo de uno de los ataques terroristas más devastadores de la historia contemporánea.
Diecisiete minutos después, a las 9:03 a. m., el vuelo 175 de United Airlines golpeó la Torre Sur.
En menos de dos horas, cuatro aviones comerciales habían sido secuestrados. Dos impactaron contra las Torres Gemelas; otro golpeó el Pentágono, sede del Departamento de Defensa estadounidense; y el cuarto terminó estrellándose en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Murieron 2.977 personas como consecuencia de los atentados, sin contar a los 19 secuestradores. Miles más resultaron heridas y, con el paso de los años, otras personas vinculadas a las labores de rescate, recuperación y exposición a los contaminantes del lugar desarrollaron enfermedades relacionadas con el 11-S.
Veinticinco años después, aquella mañana continúa siendo una referencia para entender buena parte del mundo que surgió después de 2001.
Así transcurrió aquella mañana
Los ataques fueron ejecutados mediante el secuestro de cuatro vuelos comerciales.
A las 8:46 a. m., el American Airlines Flight 11 impactó la Torre Norte del World Trade Center.
A las 9:03 a. m., el United Airlines Flight 175 impactó la Torre Sur.
A las 9:37 a. m., el American Airlines Flight 77 se estrelló contra el Pentágono, cerca de Washington D. C.
A las 9:59 a. m. colapsó la Torre Sur.
A las 10:03 a. m., el United Airlines Flight 93 cayó cerca de Shanksville, Pensilvania. Según la documentación del 9/11 Memorial, los pasajeros habían iniciado una acción para intentar recuperar el control de la aeronave después de conocer los ataques anteriores.
A las 10:28 a. m. cayó la Torre Norte.
El World Trade Center había dejado de ser solamente un complejo de edificios. Se había convertido en el escenario de una catástrofe que sería transmitida prácticamente en tiempo real a todo el planeta.
La investigación del FBI estableció que los terroristas secuestraron los cuatro aviones y los utilizaron como armas contra objetivos en Nueva York, Virginia y Pensilvania.
Una ciudad, un país y un mundo paralizados
Las imágenes de las torres en llamas y posteriormente colapsando dieron la vuelta al mundo.
Los atentados provocaron una respuesta inmediata del Gobierno estadounidense y modificaron de manera profunda las prioridades de seguridad nacional.
La lucha contra Al Qaeda y el terrorismo internacional pasó al centro de la política exterior de Washington. Semanas después comenzó la intervención militar estadounidense en Afganistán, donde se encontraba el régimen talibán que había permitido a Osama bin Laden y a Al Qaeda mantener su presencia en el país.
La respuesta estadounidense no terminaría allí.
En 2003, Estados Unidos encabezó la invasión de Irak, una guerra que Washington justificó entonces, entre otros argumentos, con preocupaciones relacionadas con la seguridad y las armas de destrucción masiva. Posteriormente se determinó que las principales afirmaciones utilizadas para justificar la existencia de esas armas no estaban sustentadas.
El resultado fue una transformación de la política internacional estadounidense que se extendió durante décadas.
La seguridad cambió después del 11-S
El impacto también llegó a la vida cotidiana.
Los aeropuertos fueron sometidos a nuevos controles de seguridad, se reforzó el intercambio de información entre agencias de inteligencia y seguridad y se ampliaron las capacidades gubernamentales para investigar amenazas terroristas.
En Estados Unidos se creó el Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security), mientras que posteriormente se establecieron nuevas estructuras de coordinación dentro de la comunidad de inteligencia.
La propia investigación oficial sobre los atentados identificó fallas importantes en la manera en que las agencias estadounidenses compartían información y evaluaban las amenazas antes del ataque. El informe de la Comisión del 11-S se convirtió en uno de los principales documentos para entender cómo se produjo aquella vulnerabilidad.
Pero la respuesta también abrió un intenso debate sobre los límites entre seguridad nacional, privacidad y derechos civiles.
La creación de nuevas facultades de vigilancia y las prácticas utilizadas durante la llamada “guerra contra el terrorismo” generaron cuestionamientos que continúan formando parte de la discusión política estadounidense.
El costo que no terminó el 11 de septiembre
Una de las dimensiones menos visibles del 11-S apareció con el paso de los años.
Bomberos, policías, paramédicos, trabajadores de rescate, voluntarios y otras personas estuvieron expuestos durante meses a polvo y sustancias contaminantes generadas por el colapso de las estructuras.
Miles de sobrevivientes y trabajadores han enfrentado posteriormente enfermedades asociadas con aquella exposición.
Por eso, la conmemoración de 2026 tiene un significado adicional.
En Nueva York, la ceremonia del 25.º aniversario incorporó un séptimo momento de silencio para recordar a quienes murieron después de los ataques debido a enfermedades o lesiones relacionadas con el 11-S. Los otros seis momentos recuerdan los principales impactos y colapsos ocurridos aquella mañana.
La memoria de las víctimas, por tanto, ya no se limita únicamente a quienes murieron el 11 de septiembre de 2001.
25 años después, la ceremonia vuelve a Ground Zero
Este viernes, familiares de las víctimas se reúnen nuevamente en el 9/11 Memorial de Nueva York para leer los nombres de quienes murieron durante los atentados.
La ceremonia comenzó a las 8:30 a. m. y el primer momento de silencio se produjo a las 8:46 a. m., exactamente 25 años después del impacto del primer avión contra la Torre Norte.
Los momentos de silencio marcan los principales acontecimientos de aquella mañana: los impactos contra las torres, el ataque al Pentágono, la caída del vuelo 93 y los posteriores colapsos de las Torres Gemelas.
La ceremonia también incluye la lectura de los nombres de las víctimas. El memorial recuerda además a las seis personas asesinadas en el atentado contra el World Trade Center de 1993.
En el Pentágono y en Shanksville también se realizan actos conmemorativos.
En todo Estados Unidos, la fecha vuelve a estar marcada por ceremonias, campanas, minutos de silencio y homenajes.
El 11-S también tuvo consecuencias fuera de Estados Unidos
La repercusión de los atentados trascendió las fronteras estadounidenses.
La lucha contra el terrorismo se convirtió en una prioridad internacional y llegó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La resolución 1373, aprobada después de los atentados, estableció nuevas obligaciones para los Estados en materia de prevención y combate al financiamiento y apoyo de organizaciones terroristas.
Costa Rica también expresó su condena a los atentados y su solidaridad con las víctimas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ha recordado en distintas ocasiones que el país condenó los ataques y reafirmó su rechazo a toda forma de terrorismo. En una declaración con motivo del aniversario en 2017, la Cancillería señaló que Costa Rica mantenía su condena categórica a estas acciones y su solidaridad con las víctimas y sus familias.
El impacto económico tampoco quedó limitado a Estados Unidos. Las restricciones de viajes, la caída inicial del transporte aéreo, los cambios en los controles fronterizos y la incertidumbre internacional afectaron a numerosas economías.
América Latina tampoco fue ajena a las consecuencias.
Una generación que no vivió el 11-S
Quizás una de las preguntas más importantes al llegar al 25.º aniversario es qué ocurre cuando la memoria pasa de quienes vivieron el acontecimiento a quienes solo lo conocen por fotografías, videos y libros de historia.
El propio 9/11 Memorial ha colocado la educación de las nuevas generaciones entre las prioridades de su programa de 2026. El museo señala que aproximadamente 100 millones de estadounidenses son demasiado jóvenes para tener recuerdos propios del 11 de septiembre de 2001.
Eso convierte la conmemoración en algo más que un ejercicio de memoria.
También plantea una pregunta sobre cómo explicar un acontecimiento que cambió la política internacional, las relaciones entre países y la percepción de la seguridad sin reducirlo únicamente a imágenes de destrucción.
Veinticinco años después
El 11 de septiembre de 2001 terminó en pocas horas.
Sus consecuencias no.
Las guerras iniciadas después de los atentados, los cambios en la seguridad aeroportuaria, la expansión de la vigilancia, los debates sobre derechos civiles, las enfermedades de trabajadores y sobrevivientes y las transformaciones de la política exterior estadounidense forman parte de una cadena histórica que todavía no ha terminado.
Pero, por encima de los debates políticos y militares, permanece la dimensión humana.
2.977 personas murieron como consecuencia de los ataques.
Tenían nombres, familias, trabajos, proyectos y vidas que quedaron interrumpidas aquel martes de septiembre.
Veinticinco años después, esos nombres vuelven a ser leídos en Nueva York.
Y en un mundo donde una generación completa nació después de aquella mañana, recordar el 11-S también significa explicar qué ocurrió, qué consecuencias tuvo y por qué sus efectos todavía forman parte de la realidad internacional.
Esta nota fue elaborada por Gabriel Angulo para NAICR. Fuentes: FBI; 9/11 Memorial & Museum; Comisión del 11-S; Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica.




