La presidenta de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez Fallas, protagonizó uno de los momentos más particulares de la jornada legislativa del martes 11 de agosto al llamar la atención a los diputados por las constantes consultas y reclamos relacionados con el procedimiento utilizado para votar las miles de mociones del proyecto de jornadas laborales excepcionales 4-3.
La discusión comenzó después de que legisladores de diferentes bancadas pidieran claridad sobre cuánto tiempo permanecería abierta cada votación y qué ocurriría cuando algún diputado, pese a encontrarse dentro del Plenario, no lograra registrar su voto antes de que la Presidencia cerrara el sistema.
Jiménez respondió que mantendría un tiempo prudencial y trasladó a cada diputado la responsabilidad de permanecer atento a las sucesivas votaciones.
Fue entonces cuando expresó:
“Yo no puedo estar como la niña Pochita en un kínder llamándole la atención”.
La jerarca legislativa insistió posteriormente en que el procedimiento debía continuar y mostró su molestia por las interrupciones que se habían producido durante las primeras horas de tramitación.
El problema comenzó por la velocidad de las votaciones
La situación ocurrió durante el primer día de reactivación del expediente 24.290, que busca regular jornadas laborales excepcionales de hasta 12 horas en determinados sectores.
El Congreso retomó el procedimiento a partir de la moción de fondo número 881, después de que la Asamblea anterior llegara hasta la 880 antes de suspender el trámite.
Como el expediente se encuentra en una etapa de prórroga contemplada en el Reglamento legislativo, las mociones restantes ya no se discuten individualmente: se identifica cada una, se abre la votación, se anuncia el resultado y se pasa inmediatamente a la siguiente.
Ese ritmo provocó rápidamente dudas entre los legisladores.
La diputada Esmeralda Britton indicó durante la discusión que había cronometrado algunas de las primeras votaciones y que estas rondaban, en promedio, los 42 segundos. Jiménez llegó inicialmente a considerar un plazo de minuto y medio, después habló de aproximadamente un minuto y finalmente descartó establecer un tiempo rígido.
La Presidencia optó por mantener lo que calificó como un tiempo prudencial, ajustándolo según la dinámica del Plenario.
Un voto que no entró abrió discusión sobre las dietas
El asunto escaló durante la votación de la moción 888.
La diputada Anna Katharina Müller se encontraba en el salón y aseguró que había presionado el sistema para votar, pero su decisión no quedó registrada antes del cierre.
Esto abrió una discusión sobre el artículo 105 del Reglamento legislativo y la posibilidad de aplicar un rebajo de dieta cuando una diputación permanece dentro del recinto pero no participa de una votación.
Jiménez anunció que pediría un criterio técnico para establecer cómo debe interpretarse la norma en casos donde una persona participa durante toda la sesión pero no logra registrar uno de los cientos de votos que pueden realizarse durante una jornada.
La votación de aquella moción terminó siendo anulada y posteriormente repetida.
Hasta las salidas al baño entraron en la discusión
El ritmo del procedimiento también generó cuestionamientos sobre los recesos.
Varias legisladoras señalaron las dificultades de utilizar los servicios sanitarios cuando las pausas son de apenas cinco minutos y las votaciones se desarrollan prácticamente de manera continua.
Jiménez manifestó que valoraría mecanismos para facilitar esos espacios y aclaró que la eventual aplicación de una pérdida de dieta se relacionaría con una diputación que permanezca registrada dentro del salón sin votar, no con quien haya salido formalmente del recinto.
El intercambio sobre votaciones, recesos y dietas fue precisamente el contexto en el que la presidenta legislativa utilizó la comparación con la “niña Pochita”.
Congreso logró votar 196 mociones durante el martes
Pese a las interrupciones, el Plenario terminó avanzando considerablemente durante la jornada.
Durante las sesiones del martes se resolvieron 196 mociones diferentes. La mañana comenzó en la número 881 y, al finalizar la tarde, los diputados habían llegado hasta la 1.076.
El ritmo aumentó especialmente durante la tarde: mientras en la sesión matutina se resolvieron 62 mociones, en la segunda parte del día se tramitaron otras 134.
Tras ese avance quedan 1.488 mociones de fondo de las 2.564 originalmente presentadas.
Posteriormente deberán tramitarse además 2.564 mociones de revisión, por lo que al cierre del martes todavía permanecían 4.052 votaciones pendientes antes de superar esta etapa del procedimiento.
Este miércoles continúa la maratón
El Plenario retomará este miércoles 12 de agosto el expediente a partir de la moción 1.077, dentro de la sesión extraordinaria programada desde las 9:00 a. m.
El calendario especial permite dedicar hasta siete sesiones semanales al proyecto: dos los lunes, dos los martes, una los miércoles y dos los jueves. Si se mantuviera exactamente el ritmo del primer día, una proyección basada en esas cifras situaría el final de las votaciones pendientes aproximadamente seis semanas después, aunque cualquier receso, discusión reglamentaria, problema técnico o repetición puede modificar significativamente ese cálculo.
Así, detrás de la expresión de Jiménez existe un problema legislativo bastante concreto: cómo procesar miles de decisiones consecutivas sin impedir que cada diputado tenga tiempo suficiente para identificar qué está votando y registrar su posición.
La presidenta legislativa dejó clara cuál será, por ahora, su posición frente a ese desafío: mantener un ritmo ágil y exigir que cada legislador permanezca atento, sin detener individualmente el procedimiento para advertir cuándo debe emitir su voto.
Esta nota fue elaborada por Gabriel Angulo para NAICR.