Imagen correspondiente a las anomalías de temperaturas en la superficie del mar 03/08/2026. Créditos: TropicalTidBits
Costa Rica comenzó agosto bajo dos realidades que podrían parecer contradictorias: 71 cantones permanecen en alerta por sequía meteorológica asociada a El Niño, mientras ondas tropicales todavía pueden provocar aguaceros, inundaciones y deslizamientos en diferentes puntos del país.
La contradicción es solo aparente. El Niño no elimina la lluvia ni convierte todos los días en secos. Lo que hace es modificar la circulación de la atmósfera y aumentar la probabilidad de que, al concluir varias semanas o meses, determinadas regiones acumulen menos precipitación de la habitual.
Esa diferencia ayuda a comprender por qué el El Niño de 2026 no puede compararse de manera automática con los episodios de 1982, 1997, 2015 o 2023. Tampoco es correcto concluir, por ahora, que será más débil o más severo que todos ellos.
Al 3 de agosto de 2026, el evento todavía está en desarrollo. Los datos observados ya muestran un fortalecimiento acelerado, pero las proyecciones sitúan su mayor intensidad entre finales de este año y comienzos de 2027.
La comparación definitiva, por tanto, solo podrá realizarse cuando concluya el episodio y se conozcan su magnitud máxima, duración, distribución geográfica y efectos acumulados sobre el agua, la agricultura, la energía, los ecosistemas y la economía.
Tres comparaciones que suelen confundirse
Cuando se afirma que un fenómeno de El Niño “es peor” que otro, pueden estarse comparando tres asuntos distintos:
| Elemento comparado | Cómo se mide | Qué no permite concluir por sí solo |
| Intensidad oceánica | Temperatura del Pacífico ecuatorial e índices como RONI o Niño 3.4 | No determina exactamente cuánto lloverá en Costa Rica |
| Impacto climático local | Déficit de lluvia, temperatura, días secos, humedad del suelo y caudales | No establece la posición mundial del fenómeno |
| Daños ocasionados | Pérdidas agrícolas, racionamientos, incendios, afectación económica y población expuesta | Depende también de la vulnerabilidad y preparación del país |
Una disminución de lluvia del 80% en una zona de Costa Rica no significa que El Niño tenga una “intensidad del 80%”. De igual manera, una anomalía de dos grados en el Pacífico ecuatorial no implica que la temperatura ambiental costarricense subirá exactamente dos grados.
Son indicadores relacionados, pero no equivalentes.
¿Qué es realmente El Niño?
El Niño es la fase cálida de un fenómeno natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS, que conecta el comportamiento del océano y la atmósfera en el Pacífico tropical.
En condiciones normales, los vientos alisios empujan las aguas superficiales cálidas hacia el oeste del Pacífico, en dirección a Indonesia y Australia. Cerca de las costas de Sudamérica asciende agua más fría desde las profundidades.
Durante El Niño, esos vientos se debilitan o cambian, permitiendo que una gran masa de agua cálida se desplace hacia el centro y el este del océano. El calentamiento modifica la ubicación de las lluvias tropicales, la presión atmosférica y las corrientes de aire que influyen sobre distintas partes del planeta.
El nombre tiene un origen histórico. Pescadores peruanos observaron desde hace siglos una corriente cálida que aparecía cerca de Navidad y la llamaron “El Niño”, en referencia al Niño Jesús. Con el avance de la ciencia se descubrió que aquel calentamiento costero formaba parte de un sistema oceánico y atmosférico mucho más amplio, según explica la Organización Meteorológica Mundial.
¿Por qué El Niño seca el Pacífico costarricense?
El efecto en Costa Rica puede resultar poco intuitivo: aunque el océano Pacífico ecuatorial se calienta, la vertiente del Pacífico costarricense generalmente recibe menos lluvia.
Esto ocurre porque El Niño altera los vientos, la posición de la Zona de Convergencia Intertropical y el transporte de humedad desde el mar Caribe. Durante buena parte del año, el fortalecimiento de los vientos alisios y de la corriente de aire conocida como jet de bajo nivel del Caribe favorece un contraste entre las dos vertientes.
La humedad puede concentrarse en el Caribe, mientras el Pacífico Norte, el Pacífico Central, el Valle Central y sectores occidentales de la Zona Norte experimentan menos precipitaciones.
Una investigación sobre el transporte de humedad en Centroamérica determinó que el fortalecimiento de este flujo caribeño se relaciona con más lluvia en la vertiente del Caribe de Costa Rica y condiciones más secas sobre la costa pacífica y el Corredor Seco Centroamericano.
Sin embargo, este es un patrón promedio, no una regla diaria. Ondas tropicales, bajas presiones, la cercanía de la Zona de Convergencia Intertropical y otros sistemas todavía pueden ocasionar aguaceros intensos durante un episodio de El Niño.
El episodio de 2026 se fortaleció rápidamente
Uno de los rasgos particulares del evento actual es la rapidez de su desarrollo.
Costa Rica comenzó 2026 bajo la influencia de una débil fase de La Niña. Posteriormente se produjo una transición por condiciones neutrales y, en pocos meses, el Pacífico ecuatorial pasó a mostrar un calentamiento suficientemente organizado para que las autoridades internacionales declararan El Niño.
El 9 de julio, el Centro de Predicciones Climáticas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que el índice semanal Niño 3.4 había alcanzado una anomalía de 1,2 °C, mientras la región Niño 1+2, más cercana a Sudamérica, se encontraba 2,7 °C por encima de lo normal.
La diferencia demuestra que el calentamiento no se distribuye uniformemente sobre todo el océano.
La proyección oficial de la NOAA asignó un 97% de probabilidad a que El Niño persista hasta comienzos de la primavera boreal de 2027. Además, calculó un 81% de posibilidad de que alcance la categoría de “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026.
La Organización Meteorológica Mundial confirmó el 31 de julio que el fenómeno continuará intensificándose durante el trimestre de agosto a octubre, en medio de temperaturas oceánicas globales excepcionalmente elevadas.
En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) prevé que la fase de mayor intensidad se extienda durante aproximadamente cinco meses, entre octubre de 2026 y febrero de 2027, de acuerdo con la actualización divulgada el 2 de agosto.
¿Ya superó a los episodios de 1997 y 2015?
La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) informó el 31 de julio que algunas regiones registraban disminuciones de lluvia de hasta un 80% con respecto al promedio esperado. Según la institución, determinados valores locales ya superaban los observados durante los eventos de 1997 y 2015.
La CNE colocó 54 cantones en alerta amarilla y 17 en alerta verde, principalmente en el Pacífico, Valle Central y Zona Norte Occidental, según la actualización de alertas por sequía.
Esto no significa que el episodio completo de 2026 ya sea más fuerte que los de 1997-1998 o 2015-2016. Significa que, en regiones y periodos determinados, el déficit de lluvia registrado hasta ahora es superior.
Para establecer cuál evento fue más intenso a escala oceánica debe emplearse el mismo índice, durante periodos equivalentes. Para comparar sus efectos en Costa Rica es necesario esperar el balance completo de la estación lluviosa, la siguiente época seca y la recuperación —o falta de recuperación— de ríos, acuíferos, embalses y suelos.
El máximo todavía no ha ocurrido
Otra diferencia fundamental es que se pretende comparar un evento en desarrollo con fenómenos que ya terminaron.
Los grandes episodios de El Niño suelen alcanzar su máxima intensidad entre octubre y febrero. El de 2026 apenas llegó a su fase inicial durante mayo y junio, por lo que los datos disponibles en agosto representan una fotografía parcial.
La clasificación histórica de la NOAA utiliza promedios móviles de tres meses. Según la serie del Índice Oceánico de El Niño Relativo, conocido como RONI, los principales eventos recientes se comportaron así:
| Episodio | Máximo registrado en el RONI | Característica principal |
| 1982-1983 | 2,5 °C | Uno de los mayores eventos del registro moderno |
| 1997-1998 | 2,4 °C | Calentamiento rápido y fuertes impactos globales |
| 2015-2016 | 2,4 °C | Episodio muy fuerte acompañado de una sequía prolongada en Costa Rica |
| 2023-2024 | 1,5 °C | Evento fuerte que presionó el sistema eléctrico nacional |
| 2026-2027 | 0,5 °C observado entre abril y junio | Sigue aumentando; existe un 81% de probabilidad de superar 2 °C entre octubre y diciembre |
El dato de 2026 no representa su máximo, sino el último promedio trimestral completo disponible en la serie. Los registros semanales de julio muestran que el calentamiento avanzó con rapidez después de ese periodo.
Un fenómeno oceánicamente fuerte no siempre causa la peor sequía
La historia costarricense demuestra que la duración puede resultar tan importante como la intensidad máxima.
El episodio de 2015-2016 alcanzó prácticamente la misma magnitud oceánica que el de 1997-1998. No obstante, la sequía costarricense vinculada al periodo 2014-2016 fue mucho más prolongada.
El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático señala que aquella sequía duró 2,4 veces más que la de 2009 y 1,8 veces más que la registrada en 1997.
Documentación del Ministerio de Agricultura y Ganadería estima que las pérdidas del sector agropecuario durante 2014-2016 alcanzaron hasta $30 millones, con una afectación particularmente importante en Guanacaste.
La lección es clara: un calentamiento oceánico ligeramente menor puede provocar consecuencias más graves cuando se prolonga, coincide con varios ciclos agrícolas o impide la recuperación de los mantos acuíferos entre una estación seca y la siguiente.
El antecedente de 2023-2024
El Niño de 2023-2024 tuvo una intensidad inferior a los grandes episodios de 1982, 1997 y 2015 según la serie RONI, pero generó efectos importantes en Costa Rica.
La reducción de los caudales obligó a aumentar el uso de plantas térmicas alimentadas con combustibles. La ARESEP estimó que esa fuente representaría alrededor del 10% de la generación eléctrica de 2024 y advirtió que sus costos terminarían reflejándose en las tarifas.
El país incluso activó el protocolo de racionamiento eléctrico, aunque los cortes anunciados finalmente no se ejecutaron, según el informe de la ARESEP sobre generación térmica.
Este antecedente demuestra nuevamente que el impacto nacional no depende únicamente del número asignado a El Niño. También influyen el nivel previo de los embalses, la disponibilidad de electricidad regional, la demanda, el precio de los combustibles y la capacidad de respuesta institucional.
El mundo de 2026 es más caliente
El Niño es un fenómeno natural y no es causado por el cambio climático. Sin embargo, el episodio actual se desarrolla sobre un planeta y unos océanos más cálidos que los observados durante buena parte del registro histórico.
Eso significa que una anomalía similar puede coincidir con temperaturas ambientales absolutas más elevadas, mayor evaporación, mayor demanda de agua y estrés adicional sobre cultivos, animales y ecosistemas.
Precisamente para realizar comparaciones más rigurosas, la NOAA comenzó a utilizar oficialmente el RONI en febrero de 2026. Este indicador no solo mide cuánto se calienta la región Niño 3.4, sino que descuenta el calentamiento promedio de los océanos tropicales.
Según la explicación técnica del cambio de índice, el método permite identificar mejor la señal específica de El Niño dentro de un océano global cada vez más caliente y relacionarla con los cambios en la lluvia y circulación atmosférica.
Por esta razón, mezclar valores antiguos del tradicional ONI con cifras nuevas del RONI puede conducir a comparaciones equivocadas.
No todos los eventos calientan la misma parte del océano
También existen diferencias en la ubicación del calentamiento.
Algunos episodios concentran las mayores anomalías cerca de las costas de Sudamérica, en el llamado Pacífico Oriental. Otros presentan su núcleo sobre el Pacífico Central. También existen configuraciones mixtas.
La ubicación importa porque determina dónde se concentra la formación de nubes y cómo responde la circulación atmosférica. Dos eventos con el mismo promedio en Niño 3.4 pueden producir patrones diferentes de lluvia, viento y temperatura en Centroamérica.
En julio de 2026, la anomalía de 2,7 °C en Niño 1+2 era considerablemente superior a los 1,2 °C observados en Niño 3.4. Esa configuración todavía puede evolucionar y no basta para asignar una clasificación definitiva, pero evidencia que el episodio actual tiene una distribución particular.
Una semana lluviosa no pone fin a la sequía
La presencia de aguaceros durante agosto tampoco significa que El Niño haya desaparecido.
La sequía meteorológica se determina mediante el déficit acumulado de precipitación durante un periodo, no por la ausencia absoluta de lluvia. Una región puede experimentar varias semanas secas, recibir un aguacero intenso y continuar por debajo de su promedio mensual o estacional.
Además, la lluvia muy fuerte en poco tiempo puede escurrirse rápidamente, provocar inundaciones y no ser suficiente para recuperar la humedad profunda del suelo, los acuíferos o los embalses.
Costa Rica también tiene comportamientos opuestos entre sus vertientes. Mientras el Pacífico Norte enfrenta un déficit severo, una onda tropical puede producir inundaciones en el Caribe o fuertes aguaceros en el Pacífico Sur.
La historia de El Niño en Costa Rica es mucho más antigua
Los registros instrumentales modernos no son la única evidencia disponible.
Investigadores de la Universidad de Costa Rica estudiaron el denominado Mega-Niño de 1877-1878 mediante observaciones meteorológicas y documentos históricos. Encontraron condiciones más secas, calientes y ventosas en el istmo centroamericano, además de afectaciones agrícolas, plagas de langostas y problemas sanitarios.
El estudio histórico sobre aquel episodio demuestra que los grandes eventos de El Niño han afectado a Costa Rica desde mucho antes de que existieran satélites, modelos climáticos o sistemas modernos de alerta.
La diferencia es que hoy el país tiene más población, mayor demanda de agua y electricidad, una agricultura distinta, crecimiento urbano y una concentración de actividades económicas en regiones particularmente vulnerables como Guanacaste.
Al mismo tiempo, existen mejores pronósticos y mayor capacidad institucional para anticipar los impactos.
¿Qué debe vigilarse durante los próximos meses?
Para determinar cómo evolucionará El Niño de 2026 será necesario observar más que la temperatura del océano. Entre los indicadores principales se encuentran:
- El promedio trimestral del RONI y la evolución semanal de Niño 3.4.
- La ubicación del mayor calentamiento dentro del Pacífico ecuatorial.
- La intensidad de los vientos alisios y del jet de bajo nivel del Caribe.
- Los acumulados mensuales de lluvia y la cantidad de días secos consecutivos.
- La humedad del suelo, caudales de los ríos y niveles de embalses y acuíferos.
- Las temperaturas máximas y mínimas registradas en cada región.
- La influencia de ondas tropicales, la Zona de Convergencia Intertropical y otros sistemas.
- Los efectos acumulados sobre agricultura, ganadería, agua potable, generación eléctrica e incendios forestales.
El periodo más delicado podría presentarse entre octubre de 2026 y febrero de 2027. Posteriormente deberá evaluarse si el fenómeno se debilita con rapidez o si sus consecuencias continúan durante la época seca.
Ni minimizarlo ni declararlo todavía como el peor
La conclusión correcta no es que El Niño de 2026 sea incomparable porque resulte necesariamente más débil. Tampoco puede afirmarse todavía que será el peor de la historia.
Es un episodio distinto: se desarrolló rápidamente, muestra un calentamiento muy pronunciado en el Pacífico Oriental, ocurre sobre océanos globalmente más cálidos y ya coincide con déficits de lluvia muy severos en partes de Costa Rica. A la vez, su máxima intensidad continúa siendo una proyección.
Algunos indicadores locales ya superan los observados durante 1997 y 2015, pero la comparación completa deberá esperar. El verdadero alcance se conocerá por la combinación de intensidad, duración y consecuencias acumuladas, no por una sola cifra ni por lo que ocurra durante un día lluvioso.
Fuentes consultadas:
- Instituto Meteorológico Nacional: Boletín ENOS de julio de 2026.
- Comisión Nacional de Emergencias: Estrategia para el fenómeno de El Niño 2026-2027.
- NOAA: Discusión diagnóstica de El Niño, 9 de julio de 2026.
- NOAA: serie histórica del Índice Oceánico de El Niño Relativo.
- Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos: implementación del RONI.
- Organización Meteorológica Mundial: actualización del 31 de julio de 2026.
- IMN: explicación de los efectos de El Niño en Costa Rica.
- Durán-Quesada y colaboradores: transporte de humedad y precipitación en Centroamérica.
- Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático de Costa Rica.
- Ministerio de Agricultura y Ganadería: caracterización de la Región Chorotega.
- Universidad de Costa Rica: El Mega-Niño de 1877-1878 y su impacto social.
- ARESEP: impacto de El Niño sobre la generación eléctrica durante 2023-2024.