Diferentes plataformas de la oposición de Nicaragua, cuyos liderazgos operan principalmente desde el exilio, unieron esfuerzos para incidir directamente en las sesiones de la próxima Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Las agrupaciones políticas y de derechos humanos buscan el respaldo de las delegaciones del continente para emitir una resolución conjunta que denuncie la intensificación de la represión en el país centroamericano, según trascendió en círculos diplomáticos.
Las gestiones se concentran en reuniones estratégicas con representantes de gobiernos clave de la región. El bloque opositor intenta asegurar que el documento final del encuentro hemisférico no se limite a una declaración formal de preocupación, sino que exija con firmeza la liberación inmediata de todos los presos políticos y el cese de las persecuciones contra sectores religiosos y civiles.
El proceso de cabildeo enfrenta un reto jurídico importante debido a que el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo completó formalmente el retiro de Nicaragua de la OEA, cerrando las sedes de la organización en Managua y declarándose fuera de la jurisdicción del organismo. A pesar de este aislamiento, los movimientos disidentes defienden que los Estados miembros conservan la obligación de fiscalizar la crisis interna basándose en los tratados internacionales de derechos humanos que el Estado nicaragüense firmó en el pasado.
Una estrategia para evitar el olvido internacional
La intención de las agrupaciones es evitar que la situación política y social de Nicaragua pase a un segundo plano en la agenda internacional. El plan de acción diseñado para la cumbre de la OEA busca que los países del continente mantengan bajo estricta observación los fondos y créditos que organismos financieros multilaterales otorgan al Estado vecino, argumentando que esos recursos terminan fortaleciendo el aparato estatal de control.
Los activistas exiliados manifestaron que las próximas semanas serán cruciales para medir el verdadero nivel de compromiso de las democracias americanas con la crisis nicaragüense. Las distintas delegaciones diplomáticas ya evalúan los borradores del texto, en medio de un debate sobre hasta qué punto la OEA puede presionar a un Gobierno que ha roto amarras de forma explícita con el sistema interamericano.