El Gobierno de Bolivia aseguró que la aplicación del estado de excepción comienza a mostrar resultados, luego de que el número de bloqueos en las principales carreteras del país pasara de 50 a solo seis en menos de dos días. La medida busca restablecer la circulación de personas y mercancías, además de aliviar el desabastecimiento de combustibles y alimentos que ha afectado a varias regiones durante las últimas semanas.
Las autoridades indicaron que, aunque gran parte de las rutas ya fueron despejadas, aún permanecen cierres en sectores estratégicos del departamento de Cochabamba, donde continúan manifestaciones impulsadas por organizaciones campesinas y grupos afines al expresidente Evo Morales.
El vocero presidencial, José Luis Gálvez, informó que la reducción de los bloqueos se logró tras la entrada en vigor del estado de excepción el pasado 20 de junio. Explicó que actualmente solo permanecen cerradas las rutas hacia la región del Chapare, en Cochabamba, y al municipio de Copacabana, en el departamento de La Paz, mientras cuadrillas trabajan en la limpieza de las carreteras, donde los manifestantes dejaron piedras y otros obstáculos.
Las protestas iniciaron el pasado 1 de mayo con demandas de sectores mineros y campesinos, quienes exigían, entre otras medidas, una mejora en el abastecimiento de combustibles y un incremento salarial. Con el paso de las semanas, las movilizaciones evolucionaron hasta incluir solicitudes para la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Si bien el Gobierno alcanzó un acuerdo con la Central Obrera Boliviana (COB) para levantar los bloqueos, algunas organizaciones, entre ellas la Federación Túpac Katari y sectores cercanos a Evo Morales, rechazaron el convenio y decidieron mantener las manifestaciones.
Paralelamente, la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos intensificó el traslado de combustible hacia distintos puntos del país con el objetivo de reducir el desabastecimiento, especialmente en las ciudades de La Paz y El Alto. Según las autoridades, más de seis millones de litros de gasolina y diésel ya fueron descargados en la planta de Senkata, mientras continúan llegando nuevos camiones cisterna.
La crisis ha tenido un fuerte impacto humano y económico. De acuerdo con el Gobierno boliviano, al menos 15 personas fallecieron al no poder recibir atención médica oportuna debido a los bloqueos en las carreteras. Además, el sector industrial estima pérdidas cercanas a los 2.760 millones de dólares como consecuencia de la interrupción del transporte y la actividad comercial.
Aunque las autoridades consideran que el país avanza hacia la normalización, las protestas que aún persisten mantienen la atención sobre la evolución del conflicto y la posibilidad de nuevas medidas para restablecer completamente la circulación en el territorio boliviano.