El fenómeno climático de El Niño ya es una realidad. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente esta semana que las condiciones de El Niño se han establecido en el océano Pacífico ecuatorial, marcando el inicio de un evento que podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde 1950.
La confirmación se produjo luego de que las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico central y oriental alcanzaran niveles superiores a los umbrales establecidos para declarar oficialmente la presencia del fenómeno. Los pronósticos internacionales indican además que El Niño continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y podría alcanzar una intensidad fuerte o incluso muy fuerte hacia finales de año.
Para Costa Rica, la noticia no llega por sorpresa. Desde hace varias semanas el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) venía advirtiendo sobre señales claras de la influencia del fenómeno en el territorio nacional, especialmente en Guanacaste y el Pacífico Norte.
Uno de los datos que más llamó la atención de los especialistas fue revelado recientemente por el director del IMN, Werner Stolz, quien informó que algunos sectores de Guanacaste cerraron el mes de mayo con 0 milímetros de lluvia acumulada, cuando históricamente el promedio para ese período ronda los 200 milímetros.
Según el jerarca, se trata de una situación sin precedentes en los registros climáticos de la provincia y una de las manifestaciones más evidentes de la intensidad con la que El Niño está afectando la región.
El fenómeno de El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal durante varios meses consecutivos. Ese calentamiento altera la circulación atmosférica global y modifica los patrones de lluvia, temperatura y viento en diferentes partes del planeta.
En Centroamérica, y particularmente en Costa Rica, uno de los efectos más frecuentes es la disminución de las precipitaciones en la vertiente del Pacífico, acompañada por un incremento en las temperaturas y períodos más prolongados de sequía.
Sin embargo, los especialistas advierten que esto no significa la desaparición total de las lluvias. Por el contrario, las precipitaciones que logren desarrollarse podrían presentarse de manera más irregular e intensa, generando episodios de inundaciones repentinas, crecidas de ríos y afectaciones por tormentas localizadas.
Durante las últimas semanas, las autoridades costarricenses han emitido diversas alertas debido a eventos de lluvias intensas asociados a la Zona de Convergencia Intertropical y otros sistemas atmosféricos que continúan interactuando con el entorno regional. Esto evidencia que, aun bajo condiciones de El Niño, el país no está exento de eventos extremos de precipitación.
A nivel internacional, los centros climáticos mantienen vigilancia constante sobre la evolución del fenómeno. Algunos modelos proyectan que existe una probabilidad significativa de que este evento alcance categorías comparables a algunos de los episodios más fuertes observados en las últimas décadas.
Los científicos también advierten que El Niño podría contribuir a que el planeta continúe registrando temperaturas excepcionalmente altas durante 2026 y parte de 2027, debido a que el calentamiento natural del Pacífico se suma al proceso de calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ante este panorama, las autoridades recomiendan a la población mantenerse informada a través de fuentes oficiales, especialmente en sectores vulnerables a la escasez de agua, incendios forestales, altas temperaturas o eventos de lluvia intensa.
La llegada oficial de El Niño marca el inicio de una etapa climática que podría influir de manera significativa en Costa Rica durante los próximos meses. Los expertos coinciden en que la vigilancia y la preparación serán fundamentales para enfrentar los posibles impactos de uno de los fenómenos atmosféricos más importantes del planeta.